En Colombia, tal como lo expuso Jorge Orlando
Melo en su discurso como presidente del jurado del Premio Simón Bolívar, el periodismo se
ha caracterizado no por ser un medio de comunicación sino por ser un medio para
el poder. Un medio utilizado ya sea para adquirir el poder o para perpetuarse
en el. De esta manera, resulta evidente que el periodismo colombiano se ha
presentado en su mayoría como un servicio al poder en vez de un contrapoder,
poniendo en muchos casos los intereses personales y económicos por encima de la
verdad y la ética periodística. Es así como surge la Silla Vacía como un medio
de comunicación novedoso y diferente a los tradicionales, cuyo objetivo
principal es ser efectivamente un contrapoder. Ahora bien, surge la gran
pregunta de si en realidad este medio de comunicación presentado como un
contrapoder, tiene ética periodística y cumple con los objetivos del
periodismo. De hecho surgen preguntas más complejas y profundas como: ¿Logra
efectivamente la Silla Vacía ser un medio de comunicación de contrapoder o
realmente está al servicio del poder, solo que defiende poderes diferentes a
los que tradicionalmente los medios de comunicación han protegido y perpetuado?
¿Realmente es posible tener un medio de comunicación con ética periodística o
siempre habrá puntos en los que los intereses personales, políticos y
económicos pondrán en segundo plano la ética?


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